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When sorrow touches our school, faith is cultivated

By Vilmo Claros Diaz, School Psychologist


Greetings to each of you,


First of all, I am grateful for the opportunity to share a glimpse of my experience at Hearts for Honduras School. This school has provided a place for me to grow as a human being, as a professional, and as a child of God.


I could share countless stories as I work with many families, but I will focus on one that has convinced me of the conviction and faith that Hearts for Honduras School cultivates. The strong bonds within the school will allow this story to dwell in the hearts of our families forever.


At the beginning of this year, a second grade student named Jair Morazán passed away. He was a very sweet boy who considered himself to be strong and resilient. He called himself “a rock”. I gave him English lessons and had helped him with his emotional struggles. A week before he passed, he wished us a Merry Christmas, gave me a big hug and said “God bless you”. What impacted me the most was when his mother found a letter that he had written a few days prior, expressing his love for Hearts for Honduras School, saying that he could spend days on end there because of all the life-giving experiences our school had given him. He wrote that his favorite class was English and that he loved his teachers and the principal. He finished the letter reminding his mother to seek God; he wanted to be a pastor when he grew up.


Most significantly, God lived in Jair’s heart, and it was evident. This is the goal of Hearts for Honduras School for all of the students. Knowing that the Lord worked in him through our school filled my heart with joy, and it encourages all of the staff members to continue despite the challenges. We impact the lives of our students with our attitudes and words every day.


I want to take this opportunity to thank our supporters, who not only bless the students, but also the staff of the school. I have recently become the sole provider of my home, and my salary as the school psychologist has allowed me to put food on my own table.


God bless you greatly.

Vilma Claros Diaz


 

Hola, un saludo con mucho cariño para cada uno de ustedes; Es una verdadera bendición para mi dirigirme a ustedes para redactarles una pequeñísima parte de lo que Corazones para Honduras me ha regalado en experiencias significativas que te ayudan a crecer como ser humano, como hijo de Dios y como profesional.


Podría extenderme ya que mi área de trabajo me ha permitido tener cercanía a muchas historias de estudiantes y padres de familia, pero les compartiré una de las que me ha dejado más aprendizaje y la convicción de que lo que siembra esta Institución y que los que colaboran para hacerla posible se llevará en los corazones de las familias por siempre.


A principios de este año 2020 falleció Jair Morazán un niño de segundo grado al cual le impartía clases de inglés y además trataba por problemas con su conducta, pero a pesar de eso era un niño muy dulce que usaba la frase que él era como una roca porque se consideraba muy fuerte. Una semana antes de que muriera lo encontré nos deseamos una feliz navidad y me dio un abrazo fuerte y me dijo Dios le bendiga. Pero lo más impactante para mí fue que después de morir su mamá encontró una carta que había escrito días antes en donde le expresaba su amor por la escuela, le decía que podría pasar hasta 30 horas en corazones por todo lo bueno que le daban, que su clase favorita era inglés y la maestra que se la daba, que la directora y la doctora le habían enseñado mucho, además le recordaba a su madre buscar de Dios porque el cuándo fuera grande sería pastor.


Lo más importante de todo es el hecho de saber que el llevaba a Dios en su corazón, que es el objetivo de Corazones para Honduras, saber que se hizo la labor en el llenó mi corazón y nos anima a seguir a pesar de cualquier dificultad, y que con una pequeña actitud o palabra impactamos en la vida de nuestros estudiantes.


No quiero dejar pasar la oportunidad además para agradecerles ya que además de ayudar a tantas familias, también los que podemos tener un empleo disfrutamos de una gran bendición, más en esta situació tan difícil que me he convertido en la única proveedora de mi hogar, gracias por su incansable labor podemos tener comida en nuestras mesas.


Dios les bendiga grandemente.

Vilma Ivett Claros Diaz

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